La Quinta'l Texu
Sin duda lo mejor de la charla, en mi opinión, fue que la maestra vino acompañada de su hija de 12 años, que es alumna del centro. Hasta ahora nunca había escuchado el testimonio directo de un niño/a acerca de un sistema educativo; siempre ha sido contado por los docentes o pedagogos. Poder escuchar los matices que esta alumna aportaba resultó muy enriquecedor. Le pregunté si alguna vez se aburría en el colegio y se lo pensó; respondió que algunas veces podía llegar a aburrirse un poco, pero enseguida comenzaba con alguna tarea que terminaba captando su atención y despertando su interés.
Desde luego, creo que es difícil escuchar esta respuesta en cualquier alumno de otro centro con una pedagogía tradicional, y esto, para mi, es indicador de que podemos aprender mucho de La Quinta'l Texu, porque no creo que haya nada más triste que el colegio sea un suplicio interminable para el alumno. Aprender debería conllevar un esfuerzo asequible, recompensado (experimentar que lo que aprendemos nos aporta sentido, nos interesa, ayuda o satisface), no un esfuerzo frustrante como una losa que cae encima sin remedio. Así lo reflejaban las palabras de la hija de la ponente: “Yo creo que se podría aprender sin tener que odiar lo que estudiamos”.
La filosofía del centro, según nos explicaba, se basa en la observación de una necesidad: en el sistema educativo no se nos enseña a elegir. ¿Por qué no dejamos elegir al niño/a cuándo cubrir sus necesidades básicas, como ir al baño o almorzar? Para fomentar la autonomía y respetar la libertad de elección, hay que partir de una confianza plena en el niño, en sus capacidades, en su potencial único e individual de construir sus propios aprendizajes. Así, el adulto o docente queda en un segundo plano, es un acompañante para necesidades concretas que puedan surgir, pero los materiales están al alcance de los niños y niñas para que puedan ser autónomos; ellos son el centro.
Esta filosofía es innovadora, sobre todo en cuanto a que se lleva a la práctica. Cada vez oímos hablar más de la autonomía del niño/a, pero es cierto que no vemos, por lo general, muchos medios para desarrollarla en el aula. No obstante, respecto al tema de las necesidades básicas, no creo que sea perjudicial acostumbrar a los niños y niñas a tratar de respetar unos horarios, ya que la rutina ayuda a ordenar el día y permite, por ejemplo, compartir el momento del almuerzo con los demás (comer juntos es una actividad social importante en nuestra cultura) y comprender que si estamos en medio de una actividad que nos interesa no perdernos, tal vez podemos posponer brevemente el momento exacto de ir al servicio.
Lo que encontré más innovador del sistema de La Quinta'l Texu es el hecho de que no hay aulas, asignaturas ni pupitres como tal, sino que hay espacios (por ejemplo, el espacio de juego simbólico) y se confía en que los alumnos tomen decisiones y se muevan a través de ellos libremente, escogiendo a partir de las propuestas que se dan o de sus propias iniciativas (aunque para permanecer en un espacio es imprescindible respetar sus normas). No necesitan constantemente la presencia del maestro, aunque a veces acuden a él para cosas concretas: llegan al centro y comienzan a elaborar sus proyectos, organizados por ellos mismos. El propio hecho de planearlos les entusiasma. En cuanto a la organización temporal, se respeta el tiempo que el alumnado necesite para realizar cada acción, sin exigencias, juicios externos y expectativas adultas. Al distribuir el aula con diferentes espacios y zonas (algunas de ellas no necesitan un acompañamiento adulto tan cercano) se facilita respetar el tiempo y la libertad de movimiento, lo que también previene muchos conflictos.
Me parece una metodología muy interesante en lo que respecta a la relación del alumno con el aprendizaje: hay mucha ilusión, autonomía, planificación y cooperación. El niño/a está comprometido con sus proyectos, es consciente de lo que aprende y no necesita un adulto "detrás" que tire de él constantemente, sino que por iniciativa propia empieza y acaba sus tareas. Esto es efectivamente algo innovador y hasta insólito, sobre todo para los que estamos acostumbrados a la metodología tradicional y a las aulas en las que el entusiasmo brilla por su ausencia.
Sin embargo, en lo que respecta a la relación del alumno con el docente, no valoro tan positivamente este sistema. Hace 3 años pude visitar por un día este centro (como parte de un trabajo para una asignatura) y mi sensación fue que el papel del maestro quedaba demasiado en un segundo plano. No me imagino como maestra en esa dinámica porque me resulta antinatural participar tan poco, apenas dirigirme al alumnado y limitarme a observar y a intervenir únicamente cuando sea imprescindible. Es cierto que respetar los ritmos, observar y dejar que descubran las respuestas en lugar de proporcionárselas antes de tiempo es lo más beneficioso, pero según entiendo yo el proceso de enseñanza-aprendizaje, hay un punto intermedio entre la desaparición casi absoluta de la intervención del docente y el "darlo todo hecho". Soy más partidaria de una interacción alumno-maestro más intensa, de una relación más participativa. Cuando visité este centro, vi que reinaba el silencio, el alumnado estaba muy relajado, y aunque esto tiene su lado positivo, en mi opinión faltaba un poco de vida, faltaban ese afecto y esa relación de admiración mutua entre alumno y maestro con intercambios frecuentes, con mucha más comunicación y más "compartir".
Por último, un aspecto que me llamó la atención fue el del papel tan importante que tienen, en este centro, los materiales manipulativos para el aprendizaje de las matemáticas. Señalaba la maestra que, dado que no tiene sentido introducir las operaciones escritas cuando aún no se ha formado el pensamiento abstracto, se trabaja mucho y desde el principio con lo manipulativo. El resultado es que desde Infantil, los niños y niñas ya están dividiendo (sin saber que están diviendo), por lo que el posterior paso al papel no cuesta nada, ya que se han entendido muy bien las bases previamente.
Esto me generó mucha curiosidad sobre los materiales que utilizan en este La Quinta'l Texu. Creo que el desarrollo del pensamiento matemático sigue siendo algo problemático en todas las etapas educativas. Por mi experiencia en las prácticas del Grado (hasta el momento he visto 2 colegios), no se está abordando este tema en las aulas de Infantil de manera tan optimizada como en este centro: he visto, en 4 y en 5 años, a niños como autómatas escribiendo por escribir números en fichas de operaciones que aún no comprenden. ¿Qué aporta eso? Lo único que se está obteniendo con esas fichas es, como mucho, una familiarización con la grafía de los números, pero no se está avanzando prácticamente en el desarrollo del pensamiento matemático, y el tiempo que se invierte en ellas podría dedicarse a trabajar realmente esas operaciones no de forma abstracta, sino manipulativa, asentando así una base sólida (de manera agradable y significativa) sobre la que los niños puedan ir construyendo el aprendizaje de las operaciones escritas a su debido tiempo.
En la charla se comentaron muchos otros aspectos interesantes sobre la metodología de este innovador centro, como la gestión de conflictos, los límites, el juego, la preparación del ambiente (aportación de la pedagogía Reggio Emilia), la no separación por edades, el constructivismo y la educación emocional. Me resultó interesante toda la información que se proporcionó. Es importante estar abiertos a conocer pedagogías alternativas, y este colegio, en concreto, tiene mucho que ofrecer.
Sitio web del centro: http://colegiolaquintaltexu.org/blog/
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