Educación Sexual en Infantil
El día 20 de octubre, los estudiantes del Grado en Magisterio en Educación Infantil (Facultad de Formación del Profesorado y Educación, Universidad de Oviedo) tuvimos la oportunidad de escuchar una charla, a cargo de Diego Fernández Fernández (investigador predoctoral experto en Educación Sexual), cuya temática fue la siguiente: Introducción a la Educación Sexual en Educación Infantil.
La idea de partida era que aunque la prevención de riesgos es fundamental, debemos abordar la educación sexual desde lo positivo: lo recomendable, los buenos tratos y la responsabilidad afectiva. Comparto totalmente este enfoque: no veo la necesidad de transmitir una perspectiva negativa sobre la sexualidad, que forma parte de la esencia del ser humano, de nuestra naturaleza, y su vivencia debería ser una faceta positiva de nuestras vidas.
Diego Fernández también planteaba la siguiente cuestión: ¿Dónde está el límite entre lo recomendable y lo no recomendable? (por ejemplo, en los casos donde puede existir un contraste entre la educación sexual y la religiosidad o las creencias personales). Este límite se encuentra en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esto despertó en mi algunos interrogantes: efectivamente, no encuentro límite más fiable que ese, pero ocurre que algunos aspectos de los DDHH son materia de debate ahora mismo. El debate que me preocupa principalmente es el que hay en torno al aborto. ¿Es el nonato poseedor del derecho a la vida que corresponde a toda persona, como señala el artículo 3 de dicha declaración? ¿Es el nonato persona? A mi no me cabe duda de que lo es, con todos sus derechos. Sin embargo, actualmente la opinión generalizada (o que yo percibo como tal) contradice esto, reivindicando por consiguiente el aborto como un derecho de salud sexual reproductiva para la mujer.
Asuntos como este me hacen entrar en debate a nivel de conciencia con este tipo de charlas, que entiendo que están en la línea de la opinión generalizada. El aborto no es un tema urgente para la Educación Infantil (no es el de mayor interés para el alumnado de estas edades), pero con ello ejemplifico que no sé hasta qué punto dar credibilidad, en mi fuero interno, a los contenidos de las charlas de temática afectivo-sexual que me he encontrado hasta ahora como estudiante de la Enseñanza Pública, ya que tengo ciertas convicciones que me hacen escucharlas con recelo (sé que en algunos aspectos estaré total o parcialmente en desacuerdo).
Dejando esto a un lado, y haciendo el ejercicio de señalar aquellas ventajas o aspectos positivos de lo tratado en la charla que, en mi opinión, son útiles para un maestro de Infantil y su formación en educación sexual, destaco los siguientes aspectos que señaló el ponente:
- La importancia de conocerse y aceptarse (partiendo de que todos somos distintos).
- No etiquetar como sexuales ciertos comportamientos exploratorios que son parte de la etapa evolutiva (cuando un niño/a descubre cualquier parte de su cuerpo no lo hace con los mismos significados que nosotros atribuimos: todavía no los han adquirido).
- La responsabilidad de traer la evidencia científica al aula. Efectivamente, no podemos recurrir a la cigüeña: el alumnado puede y debe saber cómo viene un niño/a al mundo (sin necesidad de que detallemos cómo es una relación sexual). No obstante, en la charla se afirmó claramente que "hay niños con vulva y niñas con pene", y yo, sinceramente, me pregunto: ¿Hay evidencia científica de eso? ¿Se nos "asigna" un sexo al nacer, como afirmaba el ponente? ¿Se nos asigna, o es así? ¿Aquello con lo que te identificas es lo que eres, como se daba a entender, o son hechos independientes? En esta misma charla, en la que se aboga por traer la evidencia científica al aula, se dieron por sentados estos planteamientos, y desde mi respeto a todo el que defiende esta postura ideológica (a quienes la defienden, no a la postura en sí), yo no sé hasta qué punto estas afirmaciones están respaldadas por un consenso científico. Desde luego, son parte de la opinión generalizada que yo percibo a mi alrededor (igual que la visión del aborto como un derecho), pero desconozco, sinceramente, si la comunidad científica ha llegado a acuerdos respecto de ellas, y considero importante discutirlo, precisamente porque creo en la seria responsabilidad del maestro/a de traer la evidencia científica al aula.
Me gustaría, en algún momento de mi formación como maestra, poder profundizar en estos aspectos relacionados con la educación afectivo-sexual que quedan tan inconclusos o abiertos.
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